sábado, 12 de diciembre de 2020

 


Fuente Literaria/ N° 87

La lejanía de los remolinos

 Y de pronto, ceso la existencia, ahora a viajar en el espacio temporal

He corrido como los ciervos de los montes, es parir en un salto de agua

Es el terror infinito de los agujeros negros es la hoja de maíz en la noche.

Es el polvo amarillo en La Biblia, es el pasado minotauro.

 

Es que nuestras almas recorren su espacio, es la unión solitaria en el hogar alguno.

Fuimos absorbidos por la flor, es el olvido de sí mismo, deviene agua.

Es el mar enrollado entre las olas y la lengua. Es el olvido de sí mismo.

 

Permanecemos, y el pensamiento prende las fogatas, es reverdecer entre las puertas.

Sólo es posible llorar ante las ausencias, es ver las olas caer en noviembre.

Es el eco de voces que se detienen ante el jengibre para no perecer

Es noviembre.

 

Yo, simplemente estoy. El amor permanece ante el desafío de las hojas que se dejan caer

Ante las briznas y los cinceles que dejan las aguas.

El alma se rasga., los árboles suspiran en un lecho que vuela. Es el velo del paraíso.

Es el humo sellado de las formas.

 

Es la aurora de las espigas, son las cabelleras de las diosas, es un loto.

Es el viento que crece ante los cristales del calzado, es el granizo y la lava.

Es la infinita eyaculación del tiempo.

 

Emiro Enrique Vera Suárez/ 12/12/2020. Valencia.

 

 

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